Epílogo
Artista: Lucía von Sprecher
Editorial Desierto Rosa

La noche, la sombra y las almas

Respirar sobre un cristal antes de quebrarlo. Quién no lo ha hecho. Dibujar sobre un cristal empañado. Recorrer con el dedo el vapor de agua y dejar la marca de un corazón o un smiley. A veces incluso al revés: un smiley triste, un payaso que llora. Un oxímoron.

En el libro Los trabajos y las noches (1965), de la poeta argentina Alejandra Pizarnik, la tensión poética es creada por oximorones: ”Ella es su espejo incendiado, su espera en hogueras frías”, “Ahora, la soledad no está sola», «Me danzo y me lloro en mis numerosos funerales”. En este último, además, el juego de oposiciones transpone al sujeto de la enunciación.

La obra de Lucía von Sprecher tiene como eje troncal el pensamiento sobre las imágenes como ​​entidades performáticas que participan de la construcción de lo sensible y de los discursos sociales y políticos. Utilizando los eventos de su vida cotidiana en relación a elementos industriales y naturales, crea piezas como ejercicios, gestos, conversaciones.

En Cautiverio —una obra clave para dar cuenta el camino que Lucía ha trazado—, la artista respira sobre un vidrio: a través de la indeterminación de un gesto en formación, deja el rastro, dice existo, se transpone. En 9 movimientos con un vidrio, Lucía está de pie frente a un gran trozo de vidrio, lo recorre, se tumba sobre él. Ya no es la huella sino el cuerpo. Un cuerpo que parece descansar sobre la fragilidad del material, aún a sabiendas de que si este se quiebra, posibilita el daño. Oxímoron.

En Materia fina a artista asume otro rol, el de generar imágenes para producir un mundo. Porque ya existe, crea. O, como ella misma escribe, “todo posible exige existir”. De esta manera, aquello que podría parecer accidental —encontrar y decidir recoger, por ejemplo, un inodoro de la calle— es tal vez una forma dada por un deseo previo. El deseo de abrir, de incluir y de dejarse transformar por la arquitectura que los materiales cobran al ser vistos desde una actitud poética, desde un accionar performático. Algo de la materia se pega al cuerpo y es el cuerpo quien se erige para redefinir, en las distintas esferas de lo público, nuevos espacios de conformación de subjetividad. Lucía entonces devela —nos devela— el margen de transformación de aquello que está en proceso y, a su vez, expuesto al mundo exterior: “la forma entendida en tanto que formación de situaciones”. Y como en todo devenir —rizoma, no raíz—, aquello que parecía impulsarla a un viaje de repeticiones comienza a diluirse. Ya no son las imágenes como una sola larga imagen, melancólica, infinita.

Entonces, La noche, la sombra y las almas, una nueva fórmula. Von Sprecher sabe —como todas sabemos— que la miran, y es en esa expansión de la mirada, en ese proceso del párpado, en esa ingeniosa aparición de la una como la otra, que ella es también quien mira. Ahora, es hacia afuera. Ahora, Lucía aguarda y recoge la sombra, su belleza, sus secretos y sus sonidos. En sus palabras, “los gestos de una historia universal archivada en los paisajes”. Como si después de la repetición, reformularse significase que la inhalación sostenida puede por fin exhalarse y encontrar que la imagen que perdura es de un material que se desborda por sí mismo —como el cielo o el océano—, y así entender el poder de transformación que el desborde contiene.

Si como dice Lucía von Sprecher “lo que existe recuerda”, es imperante hacer genealogía de la imagen —y de la palabra—, no sólo para proyectar la mirada hacia los demás, que a su vez nos interpelan con su mirada, sino también para proyectarla hacia nosotras mismas. Abandonar la repetida imagen melancólica que nos impusieron y transitar hacia otras formas, “desgarrar el tiempo y los espacios hegemónicos, abrir brechas para lo imprevisto”. Transponerse a los personajes femeninos asignados. Romper el cristal. Y desbordar el reflejo.

Edición y prólogo
Antología

He salido con lámparas
a buscarme allí fuera

En febrero de 1852 Emily Dickinson escribe en una carta a Susan Huntington Gilbert: «Qué íntimo y agradable sería sentarme a tu lado, hablar contigo, oír el tono de tu voz. Dame fuerza, Susie, escríbeme sobre el amor y la esperanza, y sobre los corazones que perduraron». En la distancia, Emily le pide a Susan que mantenga la escritura en marcha para que la cadencia del lenguaje cree una dimensión sonora que las acerque. Le pide un eco, un retorno rítmico, un punto de apoyo dentro del flujo de la vida: la imagen de una niña que canta en la oscuridad, porque aun cuando el canto no disipa la noche, delimita un espacio dentro de ella, traza un pequeño territorio.

En otra carta, Emily le cuenta a Susan que ese día llueve y que la lluvia es tan fuerte que le parece escucharla sobre las hojas —«golpetea, golpetea»—. Le dice también que aquello le agrada tanto que se toma un tiempo para sentarse y observar, ofrecer su cuerpo a ese sonido. Luego vuelve a Susan: «¿Lo escuchaste, Susie, o era solo mi imaginación?».

Esa voz que Emily reclama con adoración y ternura es el deseo de una presencia que se oponga al silencio, un temblor donde la escritura acontece como una rebelión del cuerpo contra el lenguaje que no le alcanza.

Si como dice Diana Bellessi «la poesía tiene a su favor la música», quisimos también nosotras, a la manera de Emily, fundar un espacio donde albergar el tono de una voz. Quisimos expandir ese instante en que somos sorprendidas por el gesto de atención, rico en su finitud, en su distancia entre pensamiento y percepción. Quisimos bailar en el poema. Tocar y dejarnos tocar por otros cuerpos. Asistir a la potencia de la intemperie, la de establecer un puente directo con la otra.

En ese impulso, movidas por el rastro de nueva carta de Dickinson, llamamos a estos encuentros He salido con lámparas a buscarme allí fuera. Quizá intuíamos —o buscábamos reafirmar— que la poesía, lejos de agotarse en la mirada hacia adentro, despliega toda su geografía cuando la proyectamos hacia las demás y soportamos el misterio que nos pide a cambio.

Texto de sala
Artista: Lucía Von Sprecher
The White Lodge Gallery

No importa la fotografía importa

Lucía utiliza las redes, virtuales y presenciales, sabiendo que la permanencia es igual de importante que el desvanecimiento. Insiste en gama de grises y rosas registrando diariamente su hacer y des-hacer: sabe del tiempo, de la velocidad que implica usar una app, de la intensidad que requiere esperar que una flor se pudra y hacer de todo eso un registro infinito, donde la repetición sea quizá la clave de su obra. Interdisciplinar, su producción artística toma tanto de las herramientas analógicas como de las digitales y las unifica en piezas permeables a la experimentación como pauta de acierto.

Su imaginario nos enfrenta a una ruptura entre la vida privada y la vida pública online, lo cotidiano y la obra de arte, el deseo, la fe, la degradación y la afirmación de que cuando un individuo se expone, todo el mundo está más o menos expuesto. La importancia de esta exposición como presencia insistente en las tramas tecnológicas nos ayude quizá a pensar cómo se producen los cuerpos en las sociedades conectadas. Y es en esa actualidad, que implica ser nuevas a cada momento, donde la artista entra en el juego y lo retruca con piezas que reformula una y otra vez para ser convertidas en diferentes versiones de sí mismas y de sí misma.

¿Es esta posibilidad de cambio y mutación constante una intención de hackear la realidad de la representación de los cuerpos? Si bien ella habla de sus acciones performáticas como actos simples, es indispensable pensar la complejidad que implica deshacer la idea de un “yo” dotado de una forma estable y contraponerlo a la inestabilidad de lo humano.

La performance es ante todo la búsqueda de ser presencia, de crearse y des-crearse a una misma. Al hacer visible actos cotidianos, fusionando entorno y observación detallista de las cosas que suceden a su alrededor, el cuerpo de Lucía entra en íntima relación con los objetos que la habitan. Quizá sí sus acciones sean sencillas, pero proponen un ejercicio de fusión con lo esencial y ponen de manifiesto una forma de experimentar la multiplicidad corporal a través de la técnica fotográfica.

Mediación Cultural
Ciclo de Poesía

He salido con lámparas
a buscarme allí fuera

Ciclo de Poesía mensual coordinado junto a Ana Benavent.

Comisariado / Curaduría
Artista: 7 Lebrain

Adoración